Agentes humanitarios y medios de comunicación occidentales

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Superar la endogamia…

El movimiento de organizaciones humanitarias no gubernamentales contemporáneo nació en 1967, con la guerra de Biafra. Las ONG de esta generación, nacidas a finales de los “Treinta (años) Gloriosos” hicieron de su relación con los medios de comunicación una estrategia de pleno derecho (1) y que pretende ser complementaria a las acciones concretas desarrolladas en el terreno con las poblaciones.

Estos vínculos entre el mundo humanitario y los medios de comunicación, a veces calificados “de mutua adicción” (2), respondían, por parte de los médicos franceses que trabajaban con la Cruz Roja en Biafra, a un deseo de romper la ley del silencio reinante tanto sobre los hechos presenciados como sobre las responsabilidades de las partes beligerantes. Sin embargo, ya por aquel entonces esta sinergia no estaba exenta de ambigüedad.

Este alboroto mediático jugaba así el juego de la política extranjera orquestada en secreto por el gobierno francés en su apoyo a los rebeldes secesionistas de Biafra. El drama al que la población de la provincia de Nigeria se veía confrontado reflejaba asimismo una doble hegemonía: la de la movilización humanitaria, principalmente occidental, y la de un tratamiento de la información por parte de una prensa internacional, en gran medida en manos de los países occidentales.

Tras 40 años de existencia y actividad, la realidad obligó a esta generación de agentes humanitarios “sin fronteras” a analizar y cuestionar algunos de sus aspectos y fundamentos iniciales, en particular, las características y las posturas derivadas del occidentocentrismo original de las ONG internacionales.

El movimiento humanitario no gubernamental todavía está, de hecho y en gran parte, dominado por agentes y financiaciones occidentales (3). Sin embargo esta situación ya no corresponde a los cambios que se han producido a lo largo de estos 40 años de existencia de esta reciente dinámica de la solidaridad internacional. Estamos asistiendo a un nuevo equilibrio global, dentro de una lógica multipolar. Las grandes potencias internacionales ya no son ni las mismas ni las únicas que a finales de los 60.

Los conflictos que acompañaron los procesos de descolonización en los distintos continentes han contribuido en parte a ello. Asimismo, en todo el mundo se constata una oleada de reivindicaciones de identidad: la era de la supremacía occidental en los ámbitos militar, económico, político y científico es agua pasada.

La ecuación de los parámetros iniciales de la acción humanitaria moderna ha cambiado. La opinión pública internacional “que cuenta” sobrepasa ya en gran medida el territorio de las potencias occidentales, y esta ya no se ve alimentada exclusivamente por los medios de comunicación occidentales.

CNN y Al Jazeera…

Si 1967 fue el año de la guerra de Biafra, también fue el de la Guerra de los Seis Días. Una vez más, el dominio del tratamiento internacional de la información iba a jugar un papel fundamental. Esta constatación de una información confiscada por Occidente impulsó a algunos países árabes a tomar conciencia de lo que estaba en juego y les condujo a querer desarrollar estrategias complementarias siguiendo una lógica de “contra-flujo” de la información.

La Liga Árabe se embarcó así en un proyecto con el objetivo de crear una agencia de prensa árabe (4). A nivel técnico, asentarse en el ámbito de las telecomunicaciones espaciales se convirtió en un objetivo complementario necesario. Se necesitarán 9 años para que el programa Arabsat vea la luz y 18 para poner en órbita un primer satélite. Dicho nacimiento se vio acompañado de conflictos y rupturas, pero el monopolio tocó a su fin.

Algunos años más tarde, en 1997, y a iniciativa de los Emiratos Árabes Unidos, nacía el programa de telecomunicaciones Thuraya, que los agentes humanitarios que trabajan en zonas aisladas conocen hoy muy bien.

Este proceso dio como resultado la creación de Al Jazeera en 1996 y las primeras emisiones de Al Jazeera en inglés en 2006. Mientras tanto, la introducción de Internet en los países árabes se aceleraba y en 2008 la cobertura se estimaba al 17% de la población; la proporción de personas conectadas varía entre un 58% en los Emiratos Árabes Unidos y un 4,8% de la población en Yemen (5).

“En el reino de la imagen todos son tuertos…”

La eclosión de estos nuevos medios de comunicación tiene dos efectos concomitantes: por un lado, la opinión pública árabe ya no queda al margen de los grandes debates sobre política exterior y por otro, la opinión pública de los países occidentales no se ve únicamente alimentada por los medios de comunicación occidentales. Así Regis Debray afirma: “En el reino de la imagen somos todos tuertos. En la lejana tragedia existen, a partir de ahora, el cadáver bueno para la cámara y los daños colaterales buenos para las estadísticas. CCN es el campo; Al Jazeera el contracampo. ‘No se debe ver la realidad tal como soy’. Para quién desee seguir los buenos consejos de Eluard, se recomienda hacer idas y venidas entre los dos canales (6)“.

La ofensiva israelí en la Franja de Gaza en enero de 2009 fue una buena oportunidad para ofrecer un nuevo ejemplo de esta ruptura del monopolio en el tratamiento de la información (7). En esta ocasión, y por primera vez, Al Jazeera puso gratuitamente a disposición de los medios de comunicación internacionales las imágenes filmadas por sus equipos, que eran los únicos presentes en territorio palestino. En 2001, la televisión por satélite de Qatar ya había sido el único proveedor de imágenes del conflicto que se desencadenó en Kabul. Así esta televisión entraba de lleno en el panorama de los medios de comunicación más importantes del mundo.

La toma de conciencia de dicho cambio tuvo repercusiones en esta generación de agentes humanitarios que había hecho de su relación con la prensa uno de sus valores fundadores. La proximidad con los medios de comunicación tiene como objetivo informar y llamar la atención de la opinión pública para que esta tenga una influencia de peso en las decisiones políticas y acelere el proceso de resolución de crisis de manera duradera. Por lo tanto, no hay razón para que las opiniones públicas occidentales sean las únicas que participen en dicho proceso. Los países occidentales ya no detentan el control y la regulación de los asuntos internacionales de manera exclusiva.

Las organizaciones humanitarias han hecho amplio uso del “protocolo compasivo” (8) jugando así con la emoción que suscitan en la opinión pública de sus países. Y como en un juego de espejos, este mismo mecanismo es el que utilizan hoy los grandes medios de comunicación no occidentales. Así, algunos de los acontecimientos que estos cubren federan opiniones públicas de distintas zonas geográficas al despertar en ellas un sentimiento de profunda e instintiva solidaridad. Los vínculos se construyen en función de cuestiones de identidad (sentimientos de pertenencia a una comunidad) o religiosas.

Estos modos de funcionamiento son muy comunes, especialmente en los países musulmanes. Se pueden encontrar ejemplos concretos en el caso de la cuestión de los territorios palestinos o en la protesta internacional organizada contra la publicación en la prensa danesa de caricaturas del profeta Mahoma. En ese caso en particular, la prensa europea puso poco de relieve hasta qué punto estos acontecimientos reflejaban un fuerte movimiento de xenofobia en Dinamarca y se centró en el concepto de “amenaza a la libertad de expresión”.

Las ONG aún tienen que trabajar a fin de que la información de las poblaciones locales de aquellos países en los que se despliegan intervenciones humanitarias sea efectiva; aprender a decir quiénes somos y qué hacemos; por qué lo hacemos; cuáles son las redes y las alianzas de cada uno, y cuáles son las fuentes de financiación; si existen relaciones entre una ONG y el gobierno de su propio país, y en si así fuera, en qué consisten estas, o si por el contrario no existe ninguna. Las ONG aún tienen que expresar con claridad sus prioridades al respecto y adquirir el saber hacer necesario en la materia.

En las regiones con crisis complejas, como Afganistán, Darfur después de la acusación de Omar El Bashir por parte de la CPI, el Chad desde el triste episodio del Arche de Zoé (9), este esfuerzo comunicativo puede obedecer a un deseo de contradecir la información que las autoridades políticas locales transmiten; con frecuencia, la prensa nacional dominante reproduce de manera parcial el punto de vista de las autoridades del país.

De la benevolencia de las poblaciones a la desconfianza

Las estrategias actuales que tienen como objetivo fortalecer los lazos con el conjunto de agentes del mundo de la información son asimismo el resultado de la necesaria voluntad de las organizaciones humanitarias de tener en consideración la opinión del “Otro”.

Si ni una realidad que evoluciona ni una profunda convicción conduce al movimiento humanitario a tener en cuenta dichos cambios, este se verá de todos modos obligado a ello, movido por la creciente inseguridad que acecha a los equipos en el terreno. En efecto en los últimos años asistimos a un aumento de la violencia dirigida a los equipos humanitarios (10). El personal local paga el precio más alto al ser víctimas de 8 de cada diez muertes causadas deliberadamente.

Dicha evolución refleja una tendencia general en la percepción que las poblaciones, los políticos y los militares locales tienen de los agentes de la solidaridad internacional. Este recelo obedece a múltiples e intrincados mecanismos (11) y conduce a una pérdida de la inmunidad natural de los equipos humanitarios. Las poblaciones han pasado de la benevolencia a la desconfianza e incluso en ocasiones a la violencia. Si la comunicación y la información no pueden constituir por si solas las únicas modalidades de respuesta y de prevención frente a los riesgos en materia de seguridad, estas no dejan de ser obligaciones fundamentales que los dirigentes de las organizaciones no gubernamentales no pueden ya evitar.

Todo el mundo coincide en que las asociaciones humanitarias son reactivas y capaces de adaptación. Su mirada descentralizada debe pues conducirlas a tomar en consideración estos cambios.

Los medios de comunicación y los agentes humanitarios desean ser capaces de influir en la política internacional. Ambos saldrán ganando si salen de su etnocentrismo original y se abren a nuevos espacios de conocimiento y de poder. Hemos dejado atrás el monopolio de los medios de comunicación occidentales; no existen pues razones objetivas para contentarse con una presencia casi exclusiva de ONG internacionales occidentales.

Así pues surge la necesidad de una doble metamorfosis. Una auténtica revolución cultural en la que el movimiento humanitario tendrá o no la inteligencia adaptativa de comprometerse.

1) Micheletti Pierre, “Derrière les évidences humanitaires” (Detrás de las Pruebas Humanitarias), Le Monde Diplomatique, septiembre de 2008

2) Doucin Michel, “ONG : le contre-pouvoir ? ” (Las ONG: ¿el contrapoder?), Ediciones Toogezer, 2007, p. 219

3) Development Initiatives, “Public support for humanitarian crises through NGOs”, febrero de 2009

4) Florence Sborowski e Isabelle Sourbès-Verger,  Les pays arabes et la communication spatiale, in Les Arabes parlent aux arabes (Los Países Árabes y la Comunicación Espacial en Los Árabes hablan a los Árabes), Yves Gonzalez-Quijano y Tourya Guaaybess (dir), Sindbad, Actes Sud, Arles 2009, p. 51-64

5) Benhalla Fouad, “Média et opinion publique au miroir du monde arabe” (Medios de Comunicación y Opinión Pública en el Espejo del Mundo Árabe), Intervención en el coloquio del Instituto de Prensa de la  Universidad de Túnez, 13-14 de noviembre de 2008

6) Debray Régis, un Candide en terre sainte (Un Cándido en Tierra Santa), París, Gallimard 2008, p. 231-232

7) El Oifi Mohammed, “La couverture médiatique de la guerre de Gaza “, revue Moyen-Orient (“La Cobertura Mediática de la Guerra de Gaza”, revista Oriente Medio), agosto-septiembre de 2009, pp 43-47

8)Weber Olivier, epílogo de la obra “Critique de la raison humanitaire” (Crítica de la Razón Humanitaria), le Cavalier bleu, 2006

9) Courrier International, 15 de noviembre de 2007

10) Stoddard Abby, Harmer Adele, DiDomenico Victoria, “Providing aid in insecure environments, 2009 Update”, HPG Policy Brief 34, Overseas Development Institute, Londres, abril 2009

11) Micheletti Pierre, “Humanitaire : s’adapter ou renoncer” (Movimiento Humanitario: adaptarse o renunciar), Marabout, 2008.

Publicado el 30 de noviembre de 2009.

Pierre Micheletti

Pierre Micheletti

Pierre Micheletti, Professeur associé à l’IEP de Grenoble, co-responsable du master OIG/ONG,
ancien président de Médecins du Monde