El Ejército del Pueblo Paraguayo, una guerrilla a contratiempo

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Cuenta con unos quince integrantes. De pretensión marxista-leninista, al mismo tiempo se encomienda al Doctor Francia, que se autoproclamó “supremo dictador perpetuo” del Paraguay después de la Independencia de 1811. El Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) surgió a finales de los años 1990 y adquirió su nombre el 1 de marzo del 2008. Ya había llamado la atención en 2005 con el secuestro y asesinato de la hija del ex-presidente Raúl Cubas…

Es una trayectoria extraña, a contrasentido y contratiempo, la que escogió esta “banda de Bonnot” de raices rurales, que caió en el crimen organizado en cuanto se estructuró claramente como guerrilla. ¿Caricatura de una deriva que se observa en otras partes del continente? ¿O síntoma de la remisión difícil de un país que aguantó la dictadura más larga de la región, de 1954 a 1989?

Cuando el EPP aparece oficialmente en 2008, Carmen Villalba y su marido Alcides Oviedo Brítez, considerados como sus fundadores, ya pasaron cinco años en la cárcel por el secuestro en 2001 de María Edith Bordón de Debernardi, esposa de un publicitario influyente. A partir de 2008, la acción del grupo gana en frecuencia pero no mucho en legibilidad. Quince días después de adoptar su nombre, el EPP incendia el material agrícola de una pequeña explotación de la provincia de Concepción (Norte). El rapto del ganadero Fidel Zavala, otra vez en Concepción, en octubre de 2009, responde más a la exigencia de rescate que a la ambición de una reforma agraria. A pesar de sus efectivos reducidos, el grupo se desempeña sobre todo en acciones de extorsión arriesgadas y ataques suicidas contra puestos de policía o guarniciones. Dos de sus figuras perdieron la vida en 2010.

Desde su cárcel, Carmen Villalba reivindica o deja creer. Asegura que el EPP es responsable de la bomba – descebada – en el palacio de justicia de Asunción en abril de 2009. Aprueba el atentado – otro fracaso – en enero de 2011 contra Canal 9, símbolo de esta “prensa burguesa” declarada “objetivo militar” mientras, fuera de la cárcel, la tropa ataca a periodistas locales de condición mucho más modesta. Paradoxal EPP que quisiera transmitir la evidencia de su mensaje, vomita a la oligarquía pero mantiene la confusión ideológica cuando pone precio a la cabeza de Fernando Lugo, ex obispo de los pobres y primer presidente de izquierda elegido desde la caída del dictador Stroessner. El “foco” de Concepción, vivero fronterizo de la contrabanda de marijuana, definitivamente no tiene mucho que ver con un foco del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) en aquellos tiempos de la guerra civil en El Salvador.

“El EPP perdió como organización revolucionaria pero ganó en parte como nuevo cartel”, estima Vladimir Jara, redactor jefe de Radio 1 de Marzo en Asunción, especialista de las mafias y él mismo fichado por la “guerrilla”. “La deriva del EPP parece clavada a la de grupos como el Comando Vermelho o el Primeiro Comando da Capital, que nacieron en Brasil contra la dictadura militar y rápidamente se convirtieron en los capataces del narcotráfico en las favelas, el primero en Rio de Janeiro, el segundo en São Paulo. La evolución es similar, aunque el origen de estos grupos sea urbano mientras la del EPP sea rural.

Según otros analistas, este matiz apoya la comparación entre el EPP y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), cuyos negocios de cocaina sobrepasaron también la estrategia del foquismo promovida por la revolución cubana. Además, gracias a su modelo colombiano a quien transferiría un porcentage sobre los secuestros y productos del tráfico, el EPP hoy tiene un arsenal y un capital financiero estimado a cinco millones de dólares, según la justicia paraguaya. La fachada militante del pequeño ejército recuerda la del Sendero luminoso peruano, que se alejó de la “guerra popular” de los años 1980 y cuya denominación se recicló en marca de fábrica del terror de ciertos carteles de los Andes.

El pretexto revolucionario de los grupos armados ya se fue en un continente que, durante la década 2000, vió al progresismo conseguir por las urnas, incluso en Paraguay, lo que ayer había fracasado por las armas. Apenas nacida, ya anacrónica, a gran diferencia de todas las otras guerrillas, el EPP parecería más inteligible sin los atavíos de otro siglo. Ahora bien, según Camilo Caballero, ex viceministro de la Seguridad del gobierno Lugo hasta junio pasado, el contratiempo de la guerrilla es también él del país. “Recién el Paraguay inicia su trabajo de memoria sobre la dictadura de Alfredo Stroessner, verdadero totalitarismo apoyado por la economía de contrabanda. La contrabanda desgraciadamente se internacionalizó mientras el beneficio de las libertades públicas, él, sólo recién se sintió. El partido Colorado [ex partido único – ndlr] continuó dominando la vida política durante los veinte años que siguieron el fin de la dictadura. La llegada al poder de Fernando Lugo, que viene de la teología de la liberación, lógicamente hizo esperar una reforma agraria de fondo en el único país todavía a mayoría rural de la región . Sin embargo, no se realizó. Sin esta reforma, nunca acabaremos con el EPP”.

La cuestión agraria, más allá del símbolo, sigue movilizando la conciencia latinoamericana. Y esta cuestión explica también que la referencia revolucionaria, que se forjó en esta conciencia en buena parte por ella, haya sobrevivido a la Guerra Fría en esta parte del globo. El EPP ilustra quizá el luto extremo, imposible de figuras políticas y militantes – si no es de la época que los acompañaba – que se convirtieron en marcador identitario. Un luto imposible que se percibe en el discurso de parte de la izquierda continental actualmente al poder. Hugo Chávez que compara su destino probable a lo, real, de Salvador Allende, es otra expresión del contratiempo latinoamericano.

Nota:
Sobre la dictadura de Stroessner, ver el excelente sitio interactivo – o museo virtual – que este año inauguró el Centro de información y recursos para el desarrollo (CIRD): http://www.meves.org.py/

 

Traduction : Benoit Hervieu